Hablamos de menores y delitos en internet

Hablamos con Xavier Ibarz, Mosso d’Esquadra del Grupo Central ORC/Proximidad de la Comisaría General Técnica de la Planificación de la Seguridad en Sabadell, sobre los delitos en internet, los menores y la necesidad de una revisión de hábitos de conducta en la educación y el consumo tecnológico.

¿Podrías explicar vuestro trabajo educativo y de sensibilización?

Antes de nada, es importante saber que el cuerpo de Mossos d’Esquadra plantea un modelo policial de proximidad, propia de una policía adaptada a la nueva realidad del siglo XXI y que tiene en cuenta las necesidades de la ciudadanía, sus inquietudes y sus demandas. Por lo tanto, queda clara la necesidad de abrirnos a campos como el diálogo y la confianza para arraigar en la sociedad, y este arraigo empieza en la educación.

Con el modelo de policía de proximidad promovemos la participación de la ciudadanía en su propia seguridad, haciéndola corresponsable mediante consejos y medidas de prevención.  Los Grupos de proximidad y las Oficinas de Relaciones con la Comunidad son los encargados directos de llevar a cabo este trabajo poco visible pero de gran interés y utilidad.

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Llegados a este punto, desde el cuerpo de Mossos d’Esquadra, y si hace falta junto con profesionales de la materia a tratar, elaboramos materiales actualizados anualmente para dar conferencias en los centros educativos y llevarles recomendaciones de seguridad sobre las problemáticas que nos consta que les afectan. Este acercamiento a la realidad social nos permite hablar de tú a tú con menores, familiares y docentes y que, por tanto, nos vean más próximos. Los centros educativos o entidades que nos reciben nos dan un retorno muy positivo de nuestro trabajo de sensibilización y descripción de la realidad.

Como dato y a modo de ejemplo, los Mossos hacemos más de 4.500 presentaciones aproximadamente, solo en centros educativos y a lo largo de un año.

¿Cuáles son los casos más frecuentes de delitos a través de internet que os encontráis?

Actualmente, los que provocan un número más alto de víctimas y a la vez de denuncias, son los delitos de estafa. Esta tipología delictiva, a pesar de tener el factor común de provocar el engaño a la víctima para caer en una trampa a través de internet, se puede subdividir en diferentes modalidades como el phishing (estafa bancaria), la estafa del falso vendedor (comprar un producto por internet que después no llega) o las estafas en la compra de Bitcoins que actualmente están saliendo a la luz, entre otros.

Los delitos de estafa a través de internet parecen no tener límite. 

Los delitos de estafa a través de internet parecen no tener límite por varios motivos como son la facilidad para cometer el delito por el medio utilizado, la dificultad de seguimiento del autor por la posibilidad de cometer el delito desde países extranjeros y la trazabilidad fraudulenta de las direcciones de IP. Podríamos decir que el futuro delincuente lo será a través de internet. Por lo tanto, cada vez es más importante la ciberseguridad.

En estos delitos, debéis de tener casos de menores. ¿Cuáles son los más habituales?

En menores nos cambia la problemática relacionada con los actos cometidos a través de internet. Inicialmente, cuando hablamos de menores no tenemos que tener tanto en cuenta los hechos delictivos que cometen sino más bien donde radica el origen. Este lo podemos ubicar en el uso inadecuado que hacen de la red y de sus contenidos. Y este mal uso deriva en muchos casos, ahora sí, en delitos denunciables y que llegarán a juicio.

El origen de los hechos delictivos entre menores lo podemos ubicar en el uso inadecuado que hacen de la red y de sus contenidos.

El primero que debemos comentar son los casos de ciberbullying, que es la parte del bullying (acoso escolar) que se comete a través de internet utilizando, básicamente, el teléfono móvil. Actualmente, es difícil pensar en un caso de bullying sin la intervención de las redes. Estos casos, a pesar de no ser los más numerosos, sí tienen bastante trascendencia por el impacto que provocan en la víctima. Desgraciadamente, el bullying no tiene fin y se puede llevar a extremos difícilmente imaginables que provocan que un menor en edad escolar pueda llegar a plantearse o llevar a cabo ideas autolíticas.

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Relacionado con este último punto y ampliando la problemática hacia casos no solo de acoso escolar, nos encontramos el mal uso que hacen algunos menores de las imágenes que se comparten en redes sociales. Por ejemplo, fotografías que, a pesar de ser consentidas en el momento de hacerse, modifican el mensaje o hacen avergonzar la persona que sale cuando las cambias de contexto. La carencia de educación digital nos ha llevado a problemáticas como el sexting que, aunque no es una práctica delictiva en su estado inicial, sí que comporta graves problemas cuando las imágenes de menores desnudos empiezan a compartirse. Evidentemente, llegado este punto se tiene que denunciar la situación.

Con ocho años ya hay niños y niñas que han visto pornografía.

Otro tema que nos preocupa mucho es el consumo de pornografía entre los menores de edad. Con ocho años ya hay niños y niñas que han visto pornografía y cada vez hay más estudios que demuestran que el consumo de pornografía entre los jóvenes está directamente relacionado con el aumento de hechos de violencia sexual.

Este consumo prematuro, al principio, y abusivo en edades adolescentes se está focalizando como el origen de actitudes machistas y de dominio del hombre hacia la mujer. La sexualidad mal entendida y la carencia de educación sexual es un vacío que no podemos obviar y que se agrava día a día.

¿Habéis detectado algún patrón común entre las víctimas y entre los agresores cibernéticos?

Hablar de patrones de víctima es muy complicado. No olvidemos que incluso un autor puede llegar a ser víctima. Cualquier persona que se conecta en una red o que tiene teléfono móvil puede ser víctima de cualquier delito cometido a través de internet, tanto si tiene diez, veinte, cincuenta u ochenta años.

Ahora bien, en el perfil de autor esto cambia un poco. El autor tiene que tener unos conocimientos mínimos de informática. También hay que añadir que la gran mayoría de hackers son hombres.

Cualquier persona que se conecta en una red o que tiene teléfono móvil puede ser víctima de cualquier delito cometido a través de internet.

¿Qué consejos darías a los padres, madres y personas que tienen menores de edad a su cargo sobre el uso del móvil y las redes sociales?

Depende de la edad recomendamos una cosa u otra, pero, empezando por el principio, es necesaria una buena educación digital. Igual que cuando son pequeños les explicamos cómo se tiene que cruzar la calle, cuando les damos un teléfono les tenemos que explicar para qué sirve y cómo se tiene que utilizar. También es recomendable un buen control parental con aplicaciones sencillas como las que ofrece el mismo Google.

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En el momento en que facilitamos un teléfono a un menor se tienen que acordar ciertas medidas de supervisión. Por ejemplo, los tiempos de conexión y no utilizarlo cuando no toca, ya sea en el centro educativo, vestuarios donde puedan hacer deporte, etc. En este acuerdo también es adecuado incluir la obligatoriedad de ceder las contraseñas del dispositivo y de las aplicaciones a las que creamos que debemos tener acceso.

Por último, seguir los perfiles de las redes sociales de nuestros hijos también es un buen punto a tratar en este acuerdo. A partir de aquí, podemos incluir todo aquello que veamos importante en cada caso y ceder ciertos privilegios según la confianza que se vayan ganando con el buen uso.

¿Hay suficiente sensibilización a la sociedad sobre los delitos a menores de edad que se llevan a cabo a través del teléfono móvil?

Más que «suficiente sensibilización» diría que hay buena voluntad hacia los menores de edad. Pero, ¿qué les preocupa o interesa? ¿Qué lleva a un o a una menor de edad a ser víctima o autor de un delito originado a través de un teléfono móvil? Estas preguntas no estoy seguro de que la sociedad sepa responderlas por más buena voluntad que haya.

La sociedad sabe que tiene que proteger a los menores de edad. ¿Pero sabe de qué y cómo hacerlo?

La sensibilización la tenemos que llevar a cabo desde una reflexión crítica de la sociedad en la que vivimos. ¿Qué valores transmitimos a nuestros jóvenes? La sociedad parece que se esté deshumanizando y sobre todo aquello que no nos afecta no tenemos nada que decir ni que hacer. Sin embargo, creo que sí que sabemos que los menores se tienen que proteger, pero otra cosa es si sabemos de qué, cómo hacerlo y si lo hacemos bien desde un ámbito tecnológico.

En cambio, y aprovechando tu pregunta, te devolvería la cuestión entrante en otros sectores de la población, como por ejemplo, en la sociedad «¿hay suficiente sensibilización sobre los delitos que sufre la gente mayor?».

¿A qué edad recomendáis el primer móvil?

La pregunta del millón de dólares. La más formulada en las sesiones formativas a familias y la que tiene una respuesta más compleja.

En el estado español la mayoría de aplicaciones se pueden obtener a partir de los 14 años, algunas a los 13 con permiso paterno. Pero, en la práctica, pocos adolescentes adquieren el teléfono en estas edades. La entrada en el instituto es un punto de inflexión donde muchos menores reciben en sus manos el primer teléfono y en otros casos, ya en primaria se les da acceso al móvil.

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Como hemos dicho antes, un teléfono móvil tiene que ser una muestra de confianza hacia el menor. El momento en el que le facilitamos las llaves de casa, donde mostramos confianza, también puede ser un punto donde podemos plantear el teléfono móvil. Aun así, hay expertos que apuntan en el inicio del instituto como la edad más idónea, pero sin olvidar un buen control parental.

Desde la Fundación Aprender a Mirar decimos que el mejor control parental es la educación, ¿estás de acuerdo? Pero también hay otras herramientas para supervisar lo que hacen nuestros hijos e hijas en internet ¿nos recomiendas alguna?

La educación es la clave en muchos ámbitos, entre ellas la enseñanza del uso correcto de las tecnologías a las cuales tenemos acceso. La educación se tiene que entender en sentido amplio. Aunque tengamos cincuenta años no tenemos que dejar pasar la posibilidad de aprender algo nuevo.

La educación es clave en muchos ámbitos, entre ellas la enseñanza del uso correcto de las tecnologías a las cuales tenemos acceso.

En este aprendizaje encontramos los límites del control parental. Si conocemos qué tenemos que controlar, sabremos dónde están las debilidades y las fortalezas del medio. Herramientas para hacer un control parental hay muchas pero si no sabemos utilizarlas nos restarán en lugar de sumar y si un menor se siente vigilado permanentemente será contraproducente.

Dicho esto, una aplicación básica que ofrece Google es Family Link, de uso sencillo y muy intuitiva. La propia Apple también tiene parámetros de control parental. Pero más allá de las marcas lo más importante es encontrar una aplicación que se ajuste a nuestras necesidades y que nos sea útil para nuestro objetivo.

El control parental no lo tenemos que entender como una lupa sobre nuestros hijos sino como una mano que les ofrecemos cuando vemos que la pueden necesitar. No ofrecer la mano y dejarlos caer, cuando hablamos de internet, puede no tener vuelta atrás.

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Gracias, Xavi, por atender a nuestras preguntas y por aportar un poco más de luz en este tema que tanto preocupa a padres, madres y educadores.