¿Es tu hijo adicto a las pantallas?

Durante los últimos años, los dispositivos tecnológicos se han adentrado en nuestras vidas, hasta convertirse en un elemento esencial de la sociedad contemporánea. Como si de Times Square se tratase, raro es el ser humano que hoy en día no se encuentra rodeado de pantallas y envuelto por el mundo digital

El móvil, la tablet, la televisión e incluso las videoconsolas se han convertido en una extensión de nuestro cuerpo. Aunque no sea de forma literal, lo cierto es que desde hace un tiempo los dispositivos tecnológicos están a la orden del día, no solo en el ámbito laboral, también en el social, en el familiar y, por último pero no menos importante, en el educativo

Las tecnologías digitales en dicho ámbito educativo es en lo que se ha especializado Rafa Guerrero, experto en neurociencia y jefe del gabinete de Darwin Psicólogos. Invitado por Fundación Aprender a Mirar —en colaboración con la Associació de Consumidors de Mitjans Audiovisuals de Catalunya—, realizó el pasado jueves 3 de junio un webinar sobre cómo funcionan el cerebro y las emociones de los más pequeños ante las pantallas. 

Captura del Webinar de Rafa Guerrero

La sesión, que completó su aforo, fue presentada por la coordinadora del Programa de Educación Audiovisual, Rosa María Aguilar. Durante la semana siguiente al evento, el webinar estuvo disponible bajo contraseña para los docentes que no pudieron asistir en directo, y acumuló cerca de medio millar de visitas. 

A continuación, se ofrece un resumen de las ideas más destacadas y clave del exitoso seminario online.

Diferencias entre conceptos

El hecho de estar conectados de forma cotidiana a los dispositivos tecnológicos, y que estos se hayan integrado progresivamente en diversas esferas, recibe un nombre específico: “normalización digital”. Este concepto, en la actualidad, puede aplicarse a personas tanto en la etapa adulta como en las etapas anteriores, pues todas ellas tienen mayor o menor contacto con dichos dispositivos. 

Sin embargo, las nuevas generaciones reciben un nuevo término si hablamos del mundo de la tecnología: “nativos digitales”. Pese a que es un concepto muy extendido y con gran potencia, no resulta del todo adecuado, según explica Guerrero, ya que da a entender que los niños y niñas tienen, desde siempre, facilidad y habilidad para manejar un dispositivo tecnológico. 

Es por eso que, a modo de substitución, se propone el término “analfabetos digitales”. La explicación radica en que los infantes saben controlar un móvil o una tablet porque son muy intuitivos, si bien realmente desconocen cómo gestionarlos y, a su vez, cómo gestionarse a ellos mismos. De ahí proviene ese analfabetismo y desconocimiento del mundo digital que debemos suprimir, poco a poco, desde el equilibrio y la calma

¿Cómo se desarrolla el cerebro en las edades tempranas?

El desarrollo del cerebro es como la construcción de una casa: empieza por abajo y va subiendo. No obstante, su crecimiento llega a su punto máximo a finales de la segunda o principios de la tercera década de vida de un humano. Por tanto, estamos ante un proceso que para los padres y madres requiere mucha paciencia y acompañamiento, algo que es importante que sepan los propios menores de edad.

La primera zona cerebral que se forma es el tronco encefálico y el cerebelo, donde se encuentra lo innato —el instinto de superviviencia— y el cerebro automático involuntario e inconsciente.

A continuación, se crea la corteza profrontal, situada antes de la frente y lugar donde residen todas las funciones ejecutivas del cerebro. Además, es la parte aprendida del cerebro y, por tanto, la zona que las personas adultas (profesores, madres, padres, etc.) ayudamos a desarrollar. 

Al mismo tiempo, por separado y lentamente, se construyen la parte emocional y racional del cerebro. La parte emocional, como su propio nombre indica, alberga y regula las emociones y los sentimientos, mientras que la parte racional es la más pensante y la que suele desarrollarse más a fondo durante los años de estudio. 

Las diferentes zonas cerebrales se conectan gracias al denominado pegamento cerebral, un concepto utilizado para referirse a algunos de los factores clave durante la infancia: cariño, protección, fomento de la autonomía, acompañamiento en la regulación de sus emociones, etc. 

Captura del Webinar de Rafa Guerrero

En síntesis, Guerrero explica que las personas somos moldeadoras de cerebro, pues lo trabajamos y lo ejercitamos para conseguir unos resultados efectivos. Pese a que el cerebro no sea un músculo, su funcionamiento es similar y, cuanto más se ejercite, mejores resultados proporcionará.

Una adicción al placer

Que el uso de los dispositivos tecnológicos se haya convertido en un elemento habitual y presente en la mayoría de los ámbitos cotidianos de nuestra vida no surge de la nada. Una de las razones principales gira en torno al placer que se siente cuando entramos en contacto dichos dispositivos, ya sea al recibir un mensaje, un me gusta u otra interacción. Cuando esto sucede, se activan los centros de placer y se liberan endorfinas y dopamina, los neurotransmisores de placer. 

Guerrero hace referencia al término que Peter Whybrow —director de neurociencia en la universidad de UCLA— utiliza para describir el placer que se obtiene a través de las tecnologías digitales: “cocaína electrónica”. Esto es un símil entre las acciones que producen dicho placer, aunque aquí vinculado al uso excesivo de dispositivos.

Los peligros y consecuencias del uso de las pantallas

Existen similitudes a la hora de comparar las características de la sociedad actual con las características de los dispositivos tecnológicos. Es una realidad que prueba la capacidad que tiene la sociedad para influir en los dispositivos y viceversa

Algunas de las consecuencias más importantes de un uso desmesurado de dispositivos tecnológicos en las personas más jóvenes son las siguientes:

  • Disminución de los niveles de concentración. Cuando se presta demasiado tiempo a los dispositivos, la concentración disminuye. Y, al encontrarse esa capacidad de poner atención en la zona de la corteza prefrontal del cerebro, se trata de un elemento que se asimila mediante la perseverancia y la voluntariedad.
  • Disminución de mielina. La mielina es el aislante de las neuronas que componen el cerebro. Si esta disminuye, el cerebro funcionará más lentamente y cometerá más errores. 
  • Sensación de vacío
  • Aumento de la impulsividad
  • Hiperactividad
  • Disminución de la tolerancia a la frustración
  • Disminución de la autorregulación emocional

La disminución de ciertos factores nos establece ante una situación de anestesia emocional, que es la que padecen muchos niños y niñas consumidos por las pantallas. Si los que estamos a cargo de su educación permitimos que se aburran y conecten con sus emociones y sentimientos, evitaremos que los dispositivos se conviertan en aislantes afectivos para los más pequeños. 

¿Cómo prevenir la adicción a los dispositivos tecnológicos?

Existen diferentes maneras y recomendaciones para evitar que los infantes desarrollen adicciones o abusen de las pantallas. 

Por una parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los entre los cero y dos años de edad no se produzca ningún contacto con la televisión, móvil, tablet, etc. Así mismo, de los dos a los cinco años de edad, el consumo de pantallas debería ser de máximo una hora

Por otra parte, el proyecto Guay-fi aboga por un consumo nulo de pantallas entre los cero y los tres años, mientras que el psicólogo Rafa Guerrero amplía ese período hasta los seis años de edad. 

También hay que tener en cuenta el tipo de contenido que dejamos que visualicen en la etapa infantil, puesto que no es lo mismo ver una serie de dibujos animados que un telediario o un documental sobre la naturaleza. 

A su vez, elementos como el respeto del tiempo de consumo de dispositivos tecnológicos a la hora de castigar, la importancia de estar en contacto y trabajar el cara a cara y el autogobierno son fundamentales si buscamos una educación en las pantallas eficaz.

Dudas resueltas después del webinar

El webinar de Rafa Guerrero fue provocando algunas preguntas que pudieron resolverse al finalizar la sesión. Una de las cuestiones planteadas fueron las diferencias entre los conceptos vínculo y apego, a lo que el ponente respondió explicando que el vínculo es una relación que establecemos con las personas, mientras que el apego es un vínculo más especial que se suele dar entre adultos y niños. Un niño o niña se apega a su figura de referencia, que en este caso son los padres (pero no tiene por qué). Sin embargo, un adulto no se apega, sino que se vincula a un niño.

Otra de las dudas más comentadas fue si el uso y abuso de dispositivos tecnológicos se daba como substitución de unas necesidades que no habían sido cubiertas, a lo que Guerrero respondió afirmativamente, dado que todas las adicciones y dependencias están relacionadas con llenar un vacío y substituir carencias.

Finalmente, se pidió al ponente un consejo para aquellos adolescentes que muestran agresividad a la hora de retirarles de las pantallas. La respuesta del ponente fue clara y concisa: buscar ayuda, ya que los padres y madres no son los culpables de lo que les ocurre a los hijos, pero sí son responsables.

Los 4 cerebros de Arantxa, en Guay-fi

En relación con las zonas cerebrales comentadas previamente, conviene destacar la existencia de la nueva publicación escrita por el ponente Rafa Guerrero: Los cuatro cerebros de Arantxa. Se trata de un libro pensado para leer a partir de los dos años de edad que muestra cuáles son las cuatro zonas cerebrales y cómo se construyen. Con la participación de cuatro simpáticos personajes llamados Coco, Rati, Data y Bali, que simbolizan cada uno una zona del cerebro, podemos enseñar a los más pequeños la importancia de regular las emociones.

Además, el libro se ha convertido en el nuevo componente de la mochila Guay-fi (de 3 a 6 años), que forma parte del Programa de Educación Audiovisual de Fundación Aprender a Mirar.

Conclusión

Para finalizar con el webinar, Rafa Guerrero emitió un mensaje de positividad y alentó a fomentar la zona de la corteza prefrontal del cerebro, donde se encuentra todo lo aprendido, y la zona de las emociones. De esta forma, nos prepararemos para controlar la conectividad a los dispositivos tecnológicos y, así, conseguiremos ser nosotros los que los gestionemos, y no al revés, como sucede en muchos casos.

Fundación Aprende a Mirar se encarga de aportar recursos y ayudas en temas relacionados con la educación audiovisual, las tecnoadicciones y la salud cerebral entre otros. Si tienes alguna duda o quieres saber más, puedes contactar con nosotros a través de correo electrónico, llamando al 93 488 17 57 o a través de nuestra página web y cuenta de Twitter: @AprendeMirar.