Entrevistamos a Janell Burley Hofmann

Hace unos cinco años, Janell Burley Hofmann debatía con su marido sobre si había llegado el momento de comprarle un móvil a su hijo, Gregory, de 13 años. El pasado 24 de mayo Domingo Malmierca y Rosa Aguilar, miembros de nuestro equipo, pudieron entrevistarla. Ella misma contó, muy divertida, lo que también cuenta en el libro que se acaba de publicar iRULES. Reglas razonables para una familia sana y tecnológica (Editorial Rialp. Madrid, 2018): llevaba dos años retrasando la llegada del móvil.

¿Cuál era entonces la principal razón por la que retrasabas la compra?

Por miedo, evidentemente. Suponía que comprar el móvil me traería más problemas que beneficios. Creía que mi hijo era todavía pequeño y, en el fondo, aunque confiaba en él, sabía que la responsabilidad sería mía y el gasto también. Por tanto le dije que mi filosofía era “fuera móviles”.

¿Te daba mucho la lata para que se lo compraras? ¿Te venció?

Pues mira, lo cierto es que después de los primeros intentos dejó de pedírmelo. Y justamente eso me extrañó y fue lo que me hizo fijarme en su comportamiento. De pronto descubrí que enviaba mensajes desde su consola Xbox y tenía conversaciones privadas desde el ordenador de casa; lo único que no hacía era hablar por teléfono; pero vi que tenía mil maneras de conectarse con sus amigos. Me di cuenta de que estaba poniendo sacos de arena para parar un río.

Cuéntanos ese momento, por favor. ¿Qué pasó por tu cabeza?

Lo explico muy bien en mi libro… (risas)

Bueno, nosotros ya lo hemos comprado y hasta nos lo has dedicado. Permítenos que les hagamos un breve avance a nuestros lectores y a los tuyos…

Creo que fue un momento especial. Y ahora que veo todo lo que se me ha venido encima, todavía más. Pensé: “Algo está fallando. Aunque no le deje un móvil, no significa que él no use otros de sus amigos. Pero me estoy perdiendo la posibilidad de enseñarle yo a utilizarlo bien. Entre que aprenda con sus amigos o conmigo, la diferencia puede ser abismal”.

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Janell Burley Hofmann en el medio, junto con Rosa Aguilar y Domingo Malmierca de la Fundación Aprender a Mirar.

Y… ¿entonces?

Lo hablé con mi marido. Pasé varias noches dándole vueltas, pensando si yo misma había preparado a mi hijo para tener móvil. Hablé con amigos y vecinos, para ver si estábamos de acuerdo. Esperaba que si se lo regalaba, él supiera valorar ese gesto de confianza. Pensé en los peligros… y lo anoté todo, todo.

¿Cuándo cayó el móvil?

En Navidad. Nos hicieron una oferta muy buena y mi marido y yo decidimos que había llegado el momento. ¡Me alegro tanto de recordar ese día! Mi hijo, junto al árbol de Navidad, lo miraba y nos preguntaba: “¿Es de verdad?” Nos abrazó, muy agradecido y empezó a enviar mensajes a sus amigos. Esa misma noche, al ver que se iba hacia su cuarto, se agolparon en mi cabeza montones de ideas, pensé en lo mucho que quiero a mi hijo, pensé en que ahora tenía un móvil y que estaba muy feliz… y entonces me puse a escribir: así nació el Contrato del Móvil.

¿Cómo se lo tomó él?

Estupendamente bien. El contrato también lo había leído y aprobado mi marido. Bueno, me hizo algunos cambios pero, en general, le pareció muy divertido. Mi hijo lo leyó con nosotros al día siguiente y dijo: “Muy bien. Creo que no os habéis dejado nada”.

Han pasado 5 años y tu hijo tiene ya 18. ¿Cómo resumirías la experiencia?

Por un lado, a mí me ha cambiado la vida, por el éxito viral de mi contrato con mi hijo. Pero lo más importante es que mi hijo ha crecido junto a mí, hablando conmigo, conociendo los límites y viviendo conmigo el momento tecnológico del mundo al que pertenecemos. Mi hijo, durante estos años, en varias ocasiones me ha repetido: “Mamá, no te ofendas pero, ¿qué tiene de especial tu contrato? ¿Es que no hacen esto todos los padres?”

Si quieres leer el contrato de Janell Burley puedes descargártelo aquí o encontrarlo en nuestra guía Aprender a convivir con el móvil. El original en inglés lo encontrarás aquí.